miércoles, 5 de septiembre de 2012

El libro de hojas negras. Capítulo 1.

El encuentro

 No sabía como había llegado hasta aquí. Me encontraba en un bosque con mucha vegetación, en Dios sabe donde y lo peor es que estaba sola. Me puse a examinar lo que había a mi alrededor, en busca de algo que me diera a conocer donde estaba. Mi mirada se posó sobre un árbol que tenía pinta de tener cientos de años y que mediría por lo menos dos metros. Apoyado en el árbol, de pie, estaba un chico alto y rubio.


-Eh, perdona. ¿Me puedes decir dónde estamos?- le pregunte algo tímida.

El chico se volvió, me miró y echó  a correr adentrándose en la maleza. Yo le seguía muy de cerca, hasta que de pronto, se paró haciéndome chocar contra él.

-Ay, ¿qué haces? –le reproché con enojo- Empiezas a correr sin responderme y después, sin más, te paras.

Él se quedó en silencio por unos minutos hasta que habló.

- Este lugar no es real, pero, te aseguro que saldrás de aquí en cuanto te diga lo que tengo que decirte.- dijo él.

-¿Qué? ¿Pero tú estás bien?

Se dio la vuelta y me encontré mirando a un chico alto, rubio, con unos bonitos ojos turquesas profundos.

- Tranquilízate. Sólo son dos cosas. Primero, ten cuidado con las personas que conozcas este año. No todas tendrán tan buena intención como parece. Lo segundo - explicó señalándose a si mismo - ten cuidado con lo que haces con él, cualquiera decisión que tomes en torno a él piénsala dos veces antes de hacerla. Mucha gente depende de esas decisiones. Yo no soy él, sólo soy un mero mensajero.

-¿Qué? No entiendo nada. ¿Cómo va a morir gente por mis d....?

El sonido del despertador me devolvió a la realidad. Seguía en mi gran habitación púrpura llena de posters, fotos y libros.
Había vuelto a soñar con Él. Hacía meses que tenía el mismo sueño. Siempre me decía lo mismo, pero no lograba sacarle sentido. ¿Cómo iba gente a depender de las decisiones de una chica cualquiera? En fin, tendría que posponer todas las ideas que tuviera sobre eso.
Eran ya las 6:20 am. Era mejor que me levantara, si no quería llegar tarde primer día de curso escolar. Vivo en Bray, en el condado de Leinster, Irlanda.
Puse la música al máximo volumen en el reproductor de CDs mientras rebuscaba en el armario. Después de media hora buscando y dejándolo todo patas arriba, opte por ponerme una camiseta básica blanca, la camisa morada que compré el día anterior, unos vaqueros, unas vans a juego con la camisa y mi bufanda color mostaza.
Tras vestirme entré en el cuarto de baño para intentar arreglar mi gran melena de leona que me llegaba hasta la cintura. Estaba peor que nunca, así que tendría que plancharme el pelo. Mientras que bajaba las escaleras hacia la planta baja, alguien tocó a la puerta. Al bajar y abrirla me encontré con mi mejor amiga Taylor. Nos íbamos juntas todas las mañanas y esta no sería la excepción.

-Hola morena, ¿qué tal si nos pasamos por el Starbucks que hay en frente del instituto? Me apetece un café caliente esta mañana.

-Vale, espera un momento- le contesté riéndome - voy a recoger mi mochila y algo de dinero.

Dicho esto salí corriendo hacia el salón a coger mi mochila de cuadros de al lado del sofá. En la mesita encontré una nota de mi tía diciendo que había tenido que irse por culpa de unos grandes comprados. Ya me lo imaginaba al no escucharla cantar las canciones de los 70.

-Ya la he cogido- le grité mientras volvía hacia la entrada- podemos irnos.
-¿Cómo es que no llevas tu querida blackberry?- dijo con ironía Taylor- ¿Vas a aguantar sin tuitear a cada momento?

-Dios. Se me olvidaba cogerlo. Espera un momento aquí. ¡Te quiero!- le respondí medio histérica mientras que volvía hacia el salón.

-Lo sabía, no eres capaz- susurraba para sí misma Tay, cuando yo cogía el móvil del salón.

-Vale, esta vez es la vencida- le dije - Podemos irnos.

-Menos mal, ¿seguro que no se te olvida nada más? No quiero que lleguemos más tarde de las siete y media. Grace estará esperándonos allí. Ah por cierto, ¿no le das las gracias a tu querida Taylor?- mirándome fijamente como solo ella sabe hacer cuando quiere que haga algo.

-Esta bien pesada, ¡gracias! ¿Contenta?

-Sí, contentísima. Yo también te quiero, eh – declaró al mismo tiempo que me empujaba hacia la calle.

-Uuh, ¿por qué no me explicas por que estará Grace esperándonos?

-Ah, ¿no te lo había dicho? Que raro- replicó cuando yo la miraba con fijeza- Esta bien, esta bien. No hace falta que me mires así, ahora te lo explico.

-Adelante, baby.

-Esta mañana, antes de que llegara a tu casa, Grace me llamó y me dijo que nos esperaría en Starbucks para contarnos las novedades para hoy. Por cierto, Grace antes de colgarme me dijó que hay un chico y una chica nuevos de nuestro curso y por lo visto no son novios. ¡Enhorabuena Syra, es tu oportunidad para ligartelo! – me dijó con su habitual animo entusiasta.

-Que graciosa, no puedo creer que sigas en la misma línea. Sabes que no me suelen gustar los chicos normales, son demasiado aburridos. Y peor todavía, todos son iguales – le contesté mirando el verdoso paisaje.

-Venga, no seas aguafiestas. ¡A lo mejor te gusta y todo! – chilló Tay.

-Estoy deseando llegar ya, me apetece una gran taza de chocolate bien calentito con mucho caramelo y nueces. Que hambre y encima con las prisas no he desayunado.

-Puede ser, aunque tú siempre tendrás ganas de cualquier cosa que lleve chocolate o caramelo. ¡Eh golosa! Y encima no se como no engordas. Te pasa el día comiendo y robándome las galletas guapa – respondió mirándome con odio mientras que se reía.

-No es culpa mía que me tientes con unas maravillosas galletas de chocolate, cuando yo solo llevo un diminuto bocadillo de paté – dije poniendo cara de perrito.

-Si si, excusas. Son sólo excusas.

Sin darme cuenta, mientras que estábamos hablando habíamos llegado a la puerta de Starbucks donde estaba esperando Grace con una gran sonrisa en su blanca cara.

-¡Hoooooooooooola amores! Ya os echaba de menos – gritó Grace desde unos metros más lejos- Tengo novedades, y detalles, muchos detalles.

-Vale, pero si no te molesta preferiría que nos lo contaras dentro. Estoy muerta de hambre – exclamé entrando en el local.

-Esta mesa me gusta- dijo Grace señalando a una mesa apartada del barullo, en una esquina.

Mientras me sentaba, examine el local. Estaba casi lleno, algo normal para el primer día, cuando miré al mostrador vi a una chica morena con pelo rizado y regordeta que se acercaba hacia nuestra mesa.

-Buenos días. ¿Qué queréis?- nos dijo aquella chica con una voz monótona.

-¡Yo quiero un chocolate caliente con mucho caramelo y nueces por favor!- exclamé con desesperación consiguiendo una mirada extrañada de la camarera- ¿Vosotras que queréis chicas?

-Un café bien cargado para mí – dijo riéndose Taylor.

-Yo querría un café descafeinado, gracias- declaró Grace amablemente.

Cuando la camarera se alejó a por nuestro pedidos, Grace empezó a atacar con sus ‘’novedades’’.

-Hay un chico y una chica nuevos. ¿Y adivinad qué? ¡No son novios!- bombardeó Grace mientras Tay y yo nos mirábamos- El chico es italiano y por lo visto ha venido por que han trasladado a su padre hasta aquí. Llegó hace una semana a Londres, así que ya tendrá que estar en Bray. Por lo menos eso espero por ti Syra.

A partir de ahí dejé de escuchar lo que Grace y Taylor decían. ¿Y sí aquel chico era el chico de mi sueño?

Lo segundo - explicó señalándose a si mismo - ten cuidado con lo que haces con él, cualquiera decisión que tomes en torno a él piénsala dos veces antes de hacerla. Mucha gente depende de esas decisiones.
No, no podría ser eso. Seguro que era un tontería. A lo mejor solo estaba soñando con eso por alguna película de terror.

 -¡Eh, Syra! – exclamó Tay – ¿En que estabas pensando? Parecía que estabas volando en tu nube por el espacio.

-Nada, tonterías de las mías chicas. Ya me conocéis. Estaba pensando en que profesores nos tocará.

-Hablando de profesores. Será mejor que vayamos terminando son casi las ocho chicas- dijo con disgusto Grace.

-Mejor será, vamos a llamar a la camarera para pagar la cuenta.

-No hace falta Syra, ya hemos pagado nosotras- me contestó Tay.

-Ah, gracias por pagarme- dije riéndome.

-Eso es lo que tú te crees listilla – explicó Tay- Hemos cogido tu monedero para pagar tu parte, pero tú estabas tan ocupada en tu mundo que ni te has enterado.

-Joder, ya me había ilusionado. Bueno de todas formas vámonos ya.

Mientras íbamos hacia la entrada, encontré a la camarera regordeta mirándome fijamente. A lo mejor tenía algo que ver con el sueño. ¿Y si..? Vale no. Me estaba volviendo paranoica. La próxima vez tendría que hacer algo para no soñar con lo mismo.

Al salir por la puerta el frío aire de mediados de septiembre me golpeó en la cara. El cielo se había nublado mientras estábamos dentro y ahora todo tenía un matiz grisáceo. Buen día para empezar el curso.

-Eh chicas, mirad- hice una mueca- Están todos ahí, vamos.

Las puertas del instituto estaban ya llenas de alumnos que esperaban a que pasara el tiempo para entrar. Entre ellos estaban Jim y Harry estaban saludándonos entre la multitud.

-¡Eh, preciosas! ¿Vais a entrar ya?- dijo Harry dulcemente.

Yo asentí con tristeza.

-Ah, en ese caso esperadnos. Entramos con vosotras-  sonrió Jim.

Nos adentramos entre la multitud, y con Jim y John, entramos dentro del instituto en busca de las taquillas, que estaban en el pasillo contrario. En el camino hacia ellas, Grace empezó con su habitual parloteo y Taylor se adelanto para caminar conmigo.
Casi habíamos llegado, cuando vi un pequeño grupo alrededor de de dos chicos.

-Eh – me susurró discretamente Tay- ¿Los has visto? Creo que son los nuevos. Ese chico te esta mirando.

Al decir esto Tay, volví la cabeza en busca de los nuevos y mi mirada se encontró con unos grandes ojos color turquesa que me eran familiares.

No hay comentarios:

Publicar un comentario